‘Ant-Man y la Avispa’, crítica: la auténtica esencia de Marvel viene en frascos pequeños

Puede que las pequeñas historias superheroicas no gocen el beneplácito del público. Las que ahondan en las miserias cotidianas del tío que se disfraza y sus némesis -como ‘Iron Man 3’-, las que convierten el “opera” de “space opera” en zarzuela -como ‘Thor: Ragnarok’– o las que se centran en el hecho incontestable de que un superhéroe adolescente tendrá, previsiblemente, preocupaciones más de adolescente que de superhéroe, como ‘Spiderman-Homecoming’. Las tres arriba mencionadas se cuentan entre las producciones Marvel más detestadas por los fans que entienden la ficción superheroica como historias más grandes que la vida.

Marvel lo sabe, y por eso no se queda corta de delirio intergaláctico cuando llega el momento de los Grandes Eventos. Las películas de Vengadores (y casi todas las de sus miembros principales) y las de Guardianes de la Galaxia prepararon el camino, no solo argumental, sino también en cuanto al tono y la escala, para ‘Infinity War’, que pone en juego el destino del cosmos (bueno, de medio, que tampoco es moco de pavo).

Sin embargo, y sin restarle ni un ápice de importancia a la gran épica que ha caracterizado al Universo Marvel desde que supo canalizar con fortuna desde los setenta las corrientes estéticas de ciencia-ficción más aparatosa, no hay que olvidar que si algo diferenció a Marvel de su directa competidora DC casi desde sus inicios era cómo Stan Lee, Jack Kirby, Steve Dikto y compañía insuflaban vida a sus héroes a través de la cotidianeidad. Una costumbre que no hizo sino prolongarse según pasaban las décadas.

 

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